Cómo atender a los enfermos de Alzheimer y o tras demencias

La demencia más conocida es la enfermedad de Alzheimer, que engloba más de la mitad de los casos. Su causa en el momento actual se desconoce, pero tiene cierto carácter hereditario (los hijos de padres con Alzheimer tienen más riesgo de padecerlo). No obstante, riesgo no significa que con seguridad lo vayan a padecer.
La teoría más extendida de la causa de enfermedad de Alzheimer es que sobre una base genética de predisposición a padecer la enfermedad actúan una serie de factores que aún hoy son desconocidos (infecciones, procesos degenerativos de la edad, etc.) y producen cambios en las neuronas que conducen a la muerte neuronal con una atrofia progresiva del cerebro y con el deterioro consiguiente en las diferentes funciones cerebrales (memoria, orientación, cálculo, juicio, lenguaje, etc.).
El segundo tipo de demencia más frecuente es la demencia vascular, debida a la obstrucción de arterias cerebrales cuando existe arteriosclerosis o hipertensión arterial. Este tipo de demencia se caracteriza por una evolución rápida, es decir, aparece la demencia cuando el paciente sufre el infarto cerebral. Otras formas de demencia menos frecuentes son la alcohólica, por enfermedad tiroidea, por desnutrición, por traumatismos repetidos en la cabeza, etc
Consejos
Crear una rutina fija en las actividades cotidianas que debe recogerse en una lista ordenada según el momento en que tienen que ejercitarse.
Recordarle los principales acontecimientos del día y repetir en voz alta el nombre de las personas con las que se encuentra, incluyendo el del cuidador.
Su casa y la cara de familiares pueden resultarle nuevas cada día. Es importante orientarle varias veces al día respecto al tiempo (hora, día, estación, año), lugar (domicilio, ciudad, provincia) y relacionarlo con las rutinas diarias (por ejemplo, son las nueve de la mañana y es la hora del desayuno).
Es útil colocar relojes, calendarios, recuerdos personales, en su sala de estar y en su habitación, así como carteles en las puertas de las habitaciones más importantes (cocina, WC, etc.). Los objetos personales deben guardarse siempre en lugares fijos. Se evitarán en lo posible los cambios de domicilio porque facilitan la desorientación. No son buenas las vacaciones en la playa o en la montaña, o en casa de otros amigos.
La pérdida de objetos es muy frecuente en estos pacientes. La familia debe mantener a la vista los objetos que use de modo habitual. No deben cambiarse de lugar los objetos de uso diario, así como los libros y revistas. No deben mantenerse a la vista los objetos de valor porque puede cogerlos y extraviarlos.
Procure que el paciente mantenga una rutina de actividades fija y ordenada. Intente que las haga él solo, aunque tarde más tiempo. Anímelo cuando lo consiga.
Mantenga las actividades que tengan o hayan tenido un interés especial durante su vida. Propóngale tareas sencillas sin riesgo.
Evite situaciones o acontecimientos que puedan desencadenar reacciones catastróficas. Si no puede evitarlas, anticípese a ellas. Por ejemplo, si tiene que llevarle de compras, evite los sábados por la mañana y los viernes por la tarde. Vaya cuando el supermercado no esté como un hervidero de gente. Si van a comer fuera, evite las horas más concurridas de los restaurantes.
Haga que su vida sea lo más previsible que se pueda. La mayoría de nosotros nos cansamos de llevar siempre la misma rutina, pero para las personas con demencia la rutina diaria es segura y cómoda. Los cambios repentinos de horario pueden precipitar reacciones catastróficas. Planee su vida cuanto sea posible.
Limite la elección. Recuerde que la capacidad de discernir está seriamente afectada en la enfermedad de Alzheimer. Si está ayudando a su madre o a su mujer a vestirse, por ejemplo, puede decirle que escoja entre el vestido azul, el marrón, el amarillo o el blanco puede agobiarle. Puede enseñarle dos vestidos y decirle que escoja uno, o, simplemente, puede que tenga que escogérselo usted.
Ayudas para vestirse. Puede empezar restringiendo el abanico de posibilidades de elección de estilos y colores. Es menester utilizar ropas fáciles de lavar y de ponerse (con botones grandes o «velcro» y con el cierre delantero). Para vestirle es preciso colocarle la ropa en el orden en que debe ponérsela y no toda a la vez: primero la ropa interior y, una vez que se la ha puesto, seguir con el resto. Conviene quedarse en la habitación y controlar cómo se la pone. Si olvida cómo se pone alguna prenda, hay que mostrarle cómo se hace, repitiéndolo él después. Cualquier cosa que haga mal una persona demenciada no hay que reprendérsela, sino volverla a hacer con él y mostrarle una y otra vez la forma correcta, pero con cariño, despacio, mirándole a los ojos y con tono cálido de voz
Ayudar en las comidas. Estos enfermos no precisan un régimen especial de comidas. A veces se empeñan en comer sólo un tipo de productos. Aunque los excesos en este sentido pueden desequilibrar una dieta, es mejor que coman caprichos a que no coman nada. Conviene avisarle con anterioridad qué comida va a servirse, con lo que se reduce la desorientación del paciente. En la mesa hay que ofrecerle un plato cada vez.