¿QUÉ LE PASA AL ABUELO? (IV)

Cómo explicar el Alzheimer a los adolescentes de 13 a 18 años

Raquel López de la Torre
Neuropsicóloga Clínica y Psicogerontóloga. Técnico Auditor de Calidad de Amavir
En la etapa de la adolescencia, en contra de lo que ocurre en edades más tempranas, la atención no deberá ponerse tanto en que entienda qué es la enfermedad en sí, ya que en el colegio habrán estudiado el funcionamiento del cerebro e incluso habrán hablado de la enfermedad. Lo importante en esta fase es que entienda, colabore y acepte los cambios que se pueden dar en la vida diaria, sobre todo si convive con el enfermo.
La presencia de la persona enferma en casa requiere atención y tiempo y esto puede provocar a veces conflictos o sentimientos en el niño, tanto en esta edad como incluso en más tempranas, de desatención o falta de tiempo para él, porque dedica mucho tiempo a cuidar al abuelo. Pueden sentirse desplazados o menos queridos, es necesario indicarles y hacerles saber que no es así, sino que esta atención que se da es debido a la enfermedad y que por eso tenemos más cosas que hacer u ocuparnos de cosas como ir al médico a menudo con el abuelo, acompañar y estar pendiente del abuelo para que no se haga daño (explicando qué cosas pueden ocurrir si no lo hacen, con ejemplos), realizarles el aseo, vestido, comida… (indicando que la enfermedad impide que lo haga solo como antes).
En otras ocasiones, los adolescentes muestran sentimientos de vergüenza, por cómo actúa en ocasiones el abuelo, o no quieren traer compañeros/amigos a casa. Ante esto, es importante señalarles que es normal (no hacerles sentir culpables por sentir eso), pero que esta enfermedad la presenta más gente y que no es motivo de vergüenza sino que se puede hablar y contarlo a las personas que nos rodean y que son importantes para nosotros, para que entiendan que en casa hay una persona enferma cuando acudan a ella. Además, también ayudará que en la medida de lo posible se facilite al adolescente un lugar en que estar con sus amigos en casa (por ejemplo, su cuarto) que sea lo más privado posible cuando esté con amigos y que, mientras tanto, otros miembros de la familia intentarán que la persona mayor enferma no les interrumpa.
Al igual que en las etapas anteriores, es aconsejable que el adolescente colabore en la atención de la persona enferma, para que se sienta útil, que se le necesita y aprecia su ayuda en esta situación. Siendo esto muy positivo, en la etapa de la adolescencia hay que extremar la atención en no exigirles en exceso, sobrecargarles y echar sobre sus hombros responsabilidades excesivas. Es bueno que colabore, pero no que tenga la responsabilidad de la atención o cuidado del enfermo en exceso, privándole de hacer cosas propias de su edad. Esto puedo provocar conductas de rebeldía y rechazo hacia el cuidado o la enfermedad (incluso, también hacia el enfermo) y miedos excesivos por si puede causar daño hacia la persona mayor si comete errores en su atención.
A esta edad se puede seguir colaborando también en la realización o supervisión de actividades de la vida diaria (ayuda en el vestido, abrochar botones, cremalleras o zapatos, aseo/arreglo personal, peinar, lavado bucal, alimentación, poner la mesa, realizar conjuntamente alguna comida sencilla, por ejemplo, ensaladas). También salir a dar un paseo por el barrio, siempre que no haya riesgo de fuga o perdida excesiva del enfermo (evitar que pueda darse un extravío cuando están a cargo del adolescente), ver la televisión juntos, cuidar plantas y animales, hacerle compañía, leer un libro o revistas, jugar con juegos de mesa…