Cuándo es dependiente una persona mayor: principales cuidados

Puede decirse que una persona mayor es dependiente cuando presenta una pérdida más o menos importante de su autonomía funcional y necesita la ayuda de otras personas para desenvolverse en su vida diaria. Por lo general, las causas de la dependencia de una persona mayor son múltiples y varían de forma notable según los casos. Entre los factores que pueden determinar la dependencia de una persona mayor se pueden diferenciar los físicos, los psicológicos y los que proceden del contexto:
Factores físicos:
Fragilidad física, problemas de movilidad y enfermedades: el deterioro de algunos sistemas biológicos del organismo (respiratorio, cardiovascular, etc.) provoca una disminución de la fuerza física, de la movilidad, del equilibrio, resistencia… que suele ir asociada al deterioro o empeoramiento de la capacidad de la persona para realizar las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria. Este declive del organismo biológico se produce en todas las personas, aunque existen diferencias en la forma en la que se envejece y en la que se afronta el envejecimiento. Además, el padecimiento durante la vejez de enfermedades crónicas tales como la artritis, la artrosis, la osteoporosis y fracturas provocadas por caídas u otros accidentes contribuyen de forma notable a la discapacidad y a la dependencia física.
Limitaciones sensoriales: las limitaciones sensoriales (sobre todo problemas de visión y oído) influyen en gran medida en la discapacidad y dependencia de las personas mayores porque dificultan de manera notable su interacción con el medio físico y social.
Consumo de fármacos: la elevada frecuencia de enfermedades de diversos tipos entre las personas mayores trae consigo un alto consumo de fármacos que, a su vez, suele implicar importantes efectos secundarios e interacciones farmacológicas no deseadas. La confusión, el deterioro cognitivo adicional, los efectos sedantes, la toxicidad cardiaca o la hipotensión ortostática son síntomas que provienen con frecuencia del consumo de fármacos por las personas mayores y tienden a aumentar su dependencia.
 
Factores psicológicos:
Los trastornos cognitivos asociados al padecimiento de demencias como el Alzheimer o los que se desarrollan tras sufrir un accidente cerebrovascular son los problemas que afectan de forma más severa a la dependencia de las personas mayores porque limitan su actividad intelectual y su capacidad de recuerdo, de comunicación con los demás, de realización de acciones cotidianas, etc.
La depresión contribuye de manera significativa a la dependencia en la edad avanzada. Empuja al aislamiento social, provoca un aumento de quejas sobre uno mismo y su salud física y aumenta el declive cognitivo y funcional, factores todos ellos que potencian la dependencia.
Factores vinculados a la personalidad. Las experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida hacen que con la vejez las personas puedan transformar sus demandas y su postura sobre la aceptación de ayuda exterior ante las distintas situaciones de la vida cotidiana. El sentido positivo o negativo de los cambios depende, por tanto, de estos factores.
Factores contextuales:
Se refieren tanto al ambiente físico donde vive la persona mayor como a las actitudes y comportamientos de las personas cercanas a los mayores dependientes.
El entorno físico en el que viven las familias. Un ambiente físico estimulante, con suficientes ayudas protésicas que conjuguen de manera adecuada la autonomía con la seguridad, contribuye a que las personas mayores tengan un funcionamiento óptimo en sus tareas cotidianas. En este sentido, la adaptación de la vivienda a las características de la persona mayor adquiere una gran relevancia.
El entorno social. Se refiere a las actitudes y conductas de las personas cercanas a la persona mayor que pueden favorecer bien su dependencia, bien su autonomía.
Conductas de los familiares que pueden agudizar la dependencia
Precisamente, con el fin de ayudar a la persona mayor en sus problemas de autonomía, los familiares acometen en ocasiones distintas tareas por ellos. En principio, esta situación es positiva, sin embargo no lo es tanto cuando esta sustitución se produce en actividades en las que aún pueden valerse por sí mismos, aunque sea de manera parcial. Por ejemplo, así ocurre cuando la persona mayor puede vestirse, aunque con lentitud y dificultad, y el cuidador lo hace por él o ella para evitarle complicaciones. De este modo no se le da la oportunidad de demostrar su independencia en esta tarea y si este hecho ocurre con frecuencia, es posible que acabe perdiendo esa habilidad por desuso. A continuación se describen otras situaciones similares que conviene cuidar por el bien de nuestros mayores:
Cuidado con las críticas. Cuando las personas mayores se consideran independientes para realizar alguna actividad y se valen de sus propios medios, los cuidadores a veces les amonestan o critican por haberse comportado así. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el cuidador está realizando otra tarea y la persona mayor se levanta sin ayuda para cambiar de asiento. El cuidador vuelve, se da cuenta y le recrimina por no haberle llamado para que le ayude. En este caso ocurre lo mismo que en el anterior, en el que si bien los familiares «regañan» a los mayores con cariño y lo hacen por su bien, al mismo tiempo impiden que mantengan su grado de independencia.
– Reconocer el esfuerzo que realizan. Es habitual que cuando la persona mayor se desenvuelve con autonomía en tareas como vestirse, recoger su habitación… y no demanda ayuda de los demás, pase desapercibida; se ignora su comportamiento autónomo. No se reconoce su esfuerzo. Es frecuente que las conductas que no tienen consecuencias positivas, como ese reconocimiento o elogio de los demás, dejen de realizarse.
En resumen, cuando los cuidadores tienen la presunción de que sus familiares de edad avanzada no son capaces de realizar alguna actividad o de mejorar en algo, es posible que acaben prestando a su familiar más ayuda de la que en realidad necesitan. De esta forma, se priva a la persona mayor de practicar comportamientos o actividades para las que está capacitado. Esta limitación llevará a que esta capacidad se vaya perdiendo por falta de práctica. Este proceso provoca que las creencias iniciales de los cuidadores acerca de la incapacidad de los mayores para realizar alguna actividad acaben por ser una realidad. Por ello, es necesario que la familia o la persona cuidadora tenga siempre en cuenta que cuidar significa ayudar sólo lo necesario.