Un nexo que no se podrá romper jamás

Una semana más contamos con los testimonios de los protagonistas de los vídeos de #EsTiempoDeUnión que consiguen emocionarnos al transmitir cómo se han sentido durante todo este tiempo: positivismo, cariño, esfuerzo y resiliencia son valores que aparecen en sus mensajes.
 “No podemos bajar la guardia”
“Siempre se puede sacar algo positivo de todo”, esa es la reflexión de Rafael Pagolas y Claudia Ameijeiras, médicos de Amavir, después de haber vivido la pandemia en el centro de Arganzuela.
La sociedad no estaba preparada para esta situación. Lo que está claro es que a partir de ahora tenemos que convivir con estas enfermedades porque lo más normal es que volvamos a tener otro brote. Esperemos que no sea con la misma intensidad y que a todos nos coja más preparados”, cuenta Rafael.
En caso de que ocurriese otro brote los protocolos a seguir estarían mucho más claros”, afirma Claudia. De todo lo vivido, la doctora destaca el aprendizaje del trabajo en equipo y el cariño que se ha respirado entre compañeros y con los residentes.
Sin embargo, quieren remarcar que es muy importante que hasta que no aparezca una vacuna no hay que bajar la guardia y es necesario seguir manteniendo las medidas de higiene y de seguridad.
“Los vínculos invisibles”
En toda esta situación hay una palabra que ha cobrado especial importancia para todos. Esa palabra es resiliencia: la capacidad que tenemos cada uno de adaptarnos a una situación por muy dura que sea.
Miguel Ángel Díaz, terapeuta ocupacional en Amavir Alcalá de Henares, habla sobre los vínculos generados en este escenario, que serán muy difíciles de romper y permanecerán para siempre. “Primero con los compañeros. Hemos transcendido lo profesional y se ha convertido en algo personal. Han sido nuestra familia. Aquellos con los que hemos luchado día tras día dando lo mejor de nosotros mismos para atender, cuidar y proteger a nuestros mayores”.
Miguel Ángel también pone de relieve el vínculo con nuestros mayores. “Hemos sido esa familia a la que no podían ver, la mano que podían tocar cuando no se podía y  los oídos que escuchaban cuando nadie lo hacía. Todo eso intangible se ha materializado en un nexo que difícilmente se podrá romper jamás”.
Por último, el terapeuta cree que se sacan conclusiones vitales de esta experiencia por muy negativa que haya sido “a nivel personal, por muy cruel y duro que haya sido, es un aprendizaje”.
“Me he sentido útil”
La psicóloga de Amavir Getafe, África García, vivió con incredulidad los primeros momentos de la pandemia. Como la mayoría de las personas, “cuando empezó a llegar la información de lo que estaba pasando, al principio no pensaba que iba a ser como realmente ha sido, lo mal que lo hemos pasado y lo que ha supuesto estar encerrados tres meses”.
Mirando el lado positivo, África cuenta que se sintió muy útil intentando acercar a los mayores a sus familiares. “Yo me ocupé la mayor parte del tiempo de las relaciones familiares y las videollamadas. Obviamente no sustituyes a su familia, pero sí que te sientes orgullosa de haberlos acercado y de no haber permitido que se pierdan esos contactos”.
“Siempre tuvimos confianza”
Mercedes Montes y Manuel Troya son familiares de un residente en Amavir La Marina. Los dos están tremendamente agradecidos al personal y al centro por el buen hacer y la buena comunicación que ha existido en todo momento. “Al principio fue un poco duro porque no había mucha información. Aunque teníamos mucha confianza en el centro hay días que te venías abajo, pero en ningún momento ha habido falta de información, ni de confianza por nuestra parte”, afirma Manuel.
Sobre este tema Mercedes también dice que “al inicio nos dijeron que la comunicación iba a ser dos veces a la semana con videollamadas y lo entendí porque son muchos los residentes.  Sabiendo que mi madre estaba bien tampoco hacía falta más porque no quería robarles ni un minuto a los trabajadores por respeto hacia ellos”.