No somos héroes

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La comunicación con el centro y los residentes se puede materializar de muchas maneras, bien a través de mensajes escritos, llamadas de teléfono o incluso videollamadas que permiten tener un contacto más directo entre las personas, haciendo más llevadera la distancia a la que ha obligado el confinamiento. Estos son algunos de los testimonios que nos dejan los protagonistas de los vídeos de #EsTiempoDeUnión de esta semana.

“Héroes en el día a día”

A Marta de las Heras y María Jiménez, fisioterapeuta y terapeuta ocupacional respectivamente en Amavir San Agustín del Guadalix, la palabra héroes no les gusta. Marta cree que “no porque ahora haya una situación difícil hay que llamarnos héroes. Si lo somos, lo somos siempre”.

Las dos indican que en el momento en que se acoge a un residente o un usuario de centro de día, se le acoge con todo. “Por suerte o por desgracia nuestra profesión es muy vocacional y hemos decidido trabajar en esto en lo bueno y en lo malo”.

María también señala que los sanitarios han tenido sus momentos de bajón pero cree que “esto puede ser algo para que se empiece a valorar más el trabajo que se hace en las residencias. Eso sí me parece bonito, más que se ponga un nombre en sí”.

Por último, las dos agradecen los aplausos que se daban todos los días a las ocho de la tarde para agradecer la labor de los sanitarios.

“La comunicación con el centro fue muy buena”

Anastasio Cuenca, residente en Amavir La Marina (San Sebastián de los Reyes, Madrid) y su nieta Sandra Ibañez cuentan que la comunicación con el centro y entre ellos fue muy buena durante toda la pandemia. “A través de las videollamadas diarias podíamos ver cómo estaba y nos iba contando cómo evolucionaba todo. Yo creo que tener ese contacto con los familiares es lo que les ha salvado”, relata Sandra.

 “Les sorprendíamos con platos nuevos”

Para hacer más llevadero el confinamiento a los residentes, Eva Morales, jefa de cocina en  Amavir Cartagena, cuenta cómo en esos días intentaron introducir en los menús algunos platos que, aunque de manera habitual no se encuentran en su dieta, son elaboraciones de la cocina tradicional que gustan.  “Un día hicimos migas, un plato que llevaban tiempo sin tomar porque en su dieta no está y otro día el postre fueron torrijas. Teníamos ilusión por ir cambiando pequeñas cosas del menú”.

Para los residentes fue muy duro el momento en que sus rutinas de vida diaria se vieron alteradas, teniendo que dejar de usar zonas comunes para estar aislados en sus habitaciones. “Hacíamos esos pequeños gestos para que ellos se sintieran mejor, aunque sabíamos que era duro para todos”.

“Antes que por su familiar nos preguntaban por nosotras”

Silvia López y Azahara Achutegui, auxiliares de enfermería en Amavir La Marina (San Sebastián de los Reyes, Madrid), destacan el cariño recibido por parte de los familiares de los residentes. “Yo me he sentido muy apoyada por los familiares, que nos han estado enviando mensajes de cariño, incluso nos preguntaban a nosotras cómo estábamos antes que preguntar por sus familiares”, señala Azahara. “De hecho esos mensajes que nos enviaban, los imprimíamos y forrábamos las paredes”, puntualiza Silvia.

Después de los momentos tan duros vividos, Silvia se queda con que “el último día de estado de alarma vinieron familiares a la residencia a aplaudirnos”. “Sientes que no estás sola” concluye Azahara.

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