Vigilar la dieta de los mayores, también en verano

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Desde la Fundación Española de Nutrición (FEN) se ha publicado una Guía de orientación nutricional para personas mayores en la que se pueden encontrar respuestas sencillas a diversas cuestiones relativas a la alimentación y la nutrición en esta etapa vital. También es completa y útil, si se quiere más profundidad sobre el tema, la Guía de alimentación para personas mayores, en cuya redacción han participado tanto médicos como nutricionistas.

La persona mayor, por la propia disfunción natural de sus órganos vitales, está en una situación de riesgo de deficiencias nutricionales: los órganos digestivos no tienen la misma capacidad para obtener el máximo provecho de los alimentos. A esta circunstancia vital se suman otros factores que aún pueden agravar más esta condición de vulnerabilidad, como un consumo exagerado de medicamentos o trastornos de salud que impiden la correcta absorción de nutrientes o que favorecen una mayor pérdida. Además de esto, el calor propio de los meses de verano obliga a que los mayores estén bien hidratados; es necesario que beban agua o zumos y que no se expongan a los rayos del sol de 12:00h a 16:00h.

Es importante, por tanto, que tomen alimentos ricos en nutrientes. En la revisión sobre nutrición y recomendaciones dietéticas para personas mayores, dirigida por la Sociedad Española de Nutrición, queda constancia de los nutrientes más comprometidos en las personas mayores. Para compensar estas posibles deficiencias, habrá que adecuar la cesta de la compra. A continuación se enumeran algunas propuestas:

Folatos. Es necesaria la presencia diaria de verduras de hoja verde (acelga, espinacas, borraja, brócoli, coles de bruselas, lechugas, judías verdes…) y, en la medida que permita la autonomía y la capacidad masticatoria, conviene tomar algo de ensalada, de hortalizas crudas, al menos una vez al día.

Hierro. La ingesta regular de carne como fuente de hierro puede ser más idónea para las personas mayores que se sientan particularmente débiles o debilitadas. No obstante, no sería prudente pensar en el alimento animal como única fuente de este mineral. Se pueden combinar en el mismo plato, o menú, vegetales ricos en hierro (legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas) con otros ricos en vitamina C. La combinación alimentaria es clave para aprovechar el máximo contenido en hierro de los vegetales.

Potasio. El potasio tiene que ir en el tándem con el sodio. Comprar, cultivar y comer más vegetales ecológicos, que no requieran el uso de fertilizantes más que lo natural ni de pesticidas, ayuda al aprovisionamiento de potasio. Está demostrada la asociación entre el aporte adecuado de potasio y la prevención de ictus e infartos.

Calcio. En la vejez suele darse una menor absorción de calcio, y no siempre se explica la potencial deficiencia por un consumo insuficiente de este mineral. Por ello, más que aumentar los productos lácteos como exclusiva o primera fuente de calcio, conviene incrementar la ingesta de alimentos que favorecen la absorción de este mineral. Además de frutos secos, las semillas, cereales integrales y verduras de hoja verde pueden convertirse en complemento idóneo de este mineral.

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