Cómo afecta la crisis a la tercera edad

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La crisis económica no afecta solo a las personas que buscan un empleo. Los jubilados también sufren psicológicamente por la crisis: deben dedicar parte de sus ingresos en apoyar a sus hijos, al mismo tiempo que ven que no llegan las ayudas en caso de que sean dependientes, que ven cómo pierden sus viviendas porque las utilizaron para avalar las hipotecas de sus descendientes o el trabajo extra que supone encargarse del cuidado de sus nietos. Todo ello genera una situación de malestar, además de ser un grave impacto psicosocial y emocional, que incide en su calidad de vida: muchas personas mayores sufren patologías ansiosas causadas por el exceso de demanda de su entorno familiar.

La crisis afecta a la salud psicológica y física de las personas mayores. En una edad en la que deberían poder disfrutar de su jubilación, muchas personas se ven obligadas a la asunción de excesivas responsabilidades como el cuidado continuo de los nietos (los abuelos españoles son los que más cuidan a los niños de sus hijos en toda Europa), sufren directamente las consecuencias de la crisis económica en su bolsillo porque han perdido poder adquisitivo o se ven en la coyuntura de hacer frente a nuevos gastos, como la manutención de sus hijos. Cerca del 5% de los mayores españoles sufren depresión y la crisis económica influye como un factor determinante en la génesis y permanencia de esta patología afectiva.

Mayores al cuidado de sus nietos

La gran mayoría de padres que trabajan deben optar por las guarderías para el cuidado de sus bebés, pues es difícil la conciliación familiar con la mayoría de horarios laborales. No obstante, la cifra de abuelos que atienden a sus nietos se incrementa con el paso del tiempo, sobre todo en época de crisis económica. De hecho, más del 70% de las mujeres que superan los 65 años ha cuidado o cuida de sus nietos. Y es que evitar la guardería supone un ahorro nada despreciable aunque sea a costa de los abuelos, para quienes puede suponer problemas asociados.

Hay que tener en cuenta que para una persona de 70 u 80 años puede resultar muy agotador, física y psicológicamente, ocuparse de sus nietos. Hay abuelos que se encargan de todos o casi todos los cuidados que necesitan los más pequeños: llevarlos y recogerlos del colegio, estar con ellos en el parque y darles de comer, entre otros. Los mayores tienen una capacidad de carga psicológica que nada tiene que ver con la de una persona joven. En la práctica clínica se tratan muchas veces a personas de la tercera edad con patologías ansiosas causadas por el exceso de demanda de su entorno familiar.

Ser mayor y perder la casa

Sin duda, una de las consecuencias económicas y psicológicas más duras de la crisis es perder la casa. Muchas personas mayores tienen problemas para pagar su hipoteca o alquiler debido a que deben ayudar a sus hijos. Pero el verdadero drama llega cuando se ven obligados abandonar su vivienda. Algo que, por desgracia, ocurre con más frecuencia. La pérdida de la vivienda produce una sensación de ansiedad continuada que, con el tiempo, da lugar a la depresión.

Depresión en el anciano

La depresión es el trastorno mental más frecuente en los ancianos, sobre todo, en las ancianas. Lo cierto es que muchos médicos de atención primaria juzgan la depresión geriátrica como un trastorno muy difícil de identificar, por el hecho de que abarca múltiples formas de presentación, se confunda a menudo con la demencia y pase socialmente desapercibida como un achaque más, propio de la tercera edad, cuando en realidad no forma parte del proceso normal de envejecimiento.

Desde la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), explican que los pacientes ancianos padecen más enfermedades crónicas discapacitantes que el resto de los adultos y que, algunas de ellas, como alteran las vías neuroquímicas y los neurotransmisores cerebrales, al igual que otras, afectan a los ejes neuroendocrinos, lo que puede desencadenar biológicamente una depresión. Y la deficiente adaptación a las enfermedades, tan habitual en las generaciones más ancianas, puede actuar como desencadenante de la depresión.

Los expertos aseguran que el paciente anciano depresivo que acude a la consulta de atención primaria suele tener escasos vínculos familiares o sociales y presenta una sintomatología somática importante que puede dar lugar a cambios en su forma natural de ser, volviéndose más irritable y menos sociable, aislándose en su domicilio. En cambio, la tristeza, como síntoma nuclear de la depresión, puede tener menos importancia en la ancianidad que en la edad adulta.

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